¿Es hambre o estrés?

Por Erika Pérez

En la consulta de un nutriólogo se comparten muchas experiencias, por ejemplo, el paciente suele hacer un esfuerzo en reflejar sus hábitos personales buscando un apoyo que le encamine hacia una meta específica (sea subir, bajar o mantener el peso corporal).

Una de las partes más importantes de la entrevista nutricional es un “recuento alimentario de 24 horas”, lo cual es un tipo de cuestionario donde vamos investigando (y el paciente reflexionando) sobre todo lo ocurrido de principio a fin en un día ordinario en su rutina. La intención de este recuento, es conocer horarios, preferencias, estilo de vida, cantidad aproximada de calorías ingeridas y hasta es posible identificar si existe un componente de estrés que pueda relacionarse con la ingesta aumentada o reducida de alimentos.

Para muchos son conocidas frases como “soy muy ansioso, por eso es que como mucho” ó “me da ansiedad de comer dulces” entendiéndose como un trastorno poco remediable o que requiera tratamiento farmacológico.

Cuando existe algún problema que genera estrés, nuestro instinto será buscar algún elemento compensador que nos dé placer, sea éste alimento o no. Al identificar este impulso, pudiéramos recurrir a opciones que reduzcan el estrés y que no representen un problema para nuestra salud. ¿Cuáles?

Ejercicios. Una rutina regular de mínimo 3 veces por semana ha demostrado liberar múltiples endorfinas reguladoras del estrés.

Recreación. Bailar, compartir con seres queridos, caminar en el parque, una buena lectura, ver películas ya sea en el cine o en casa (siempre que no dediquemos muchas horas).

Meditación. Tiempo para pensar, evaluar situaciones, organizar ideas.

En ocasiones, confundimos al estrés con el hambre, pues en ambos casos surge la necesidad de ingerir alimentos de forma inmediata. ¿Cuáles elementos podrían diferenciarlos?

Los hábitos. La mayoría de personas en sobrepeso u obesidad no desayunan, acumulando un balance energético que será demandado al final de su día de forma abundante (hambre).

La necesidad de comer alimentos dulces o muy grasos en lugar de alguno que contenga los nutrientes que puedan satisfacer el hambre supuesta (estrés).

Ingesta de alimentos sin apetito (estrés).

Ingesta abundante de alcohol y pobre consumo de alimentos variados (estrés).

Es importante que realice una autoevaluación de su rutina diaria, donde identifique los elementos que influyen en la toma de decisiones con los alimentos, de esta forma abordará integralmente su objetivo de conseguir un peso corporal ideal y control de perfiles metabólicos. En caso de ser necesario el apoyo de un especialista (psicólogo o psiquiatra) deberá considerarse su apoyo como parte indispensable de los progresos a conseguir.

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