José Enrique García: “La voz del novelista debe estar siempre del lado de la belleza”

Santo Domingo, República Dominicana.- José Enrique García, narrador y poeta dominicano, presentó en España su último libro, Taberna de náufragos, una novela hecha de acontecimientos pequeños, cotidianos, con un inventario de tristezas y melancolías desparramado en una esquina de la vieja Ciudad Primada de América.

Rey de todas las soledades, de todas las ausencias y de todas las esperas, Cerco es un hombre detenido en su tiempo, un escritor fracasado que pasó sus años profesando que “la escritura es la vida” y terminó alquilando su palabra al mejor postor para sobrevivir

“Yo empecé la novela al ver caer el sol sobre los desperdicios de la ciudad que van a parar al malecón”, dijo el autor. Y esto puede ser una alegoría de la manera en que terminan muchos de sus personajes, sino todos, tras unas vidas rotas.

Taberna de náufragos está hecha de recuerdos, de miradas y de observaciones interiores; también de insinuaciones. “Ahí no hay nada de documentación; es un libro hecho solo de miradas y de reflexiones”.

Foto Pedro Canela
Foto Pedro Canela

La taberna de esta novela es un lugar de encuentro de un grupo de personas que carga a sus espaldas un inventario de vidas fracturadas e ilusiones perdidas. Y todas esperaban de la vida algo que nunca llegó. “Por aquí pasa una infinidad de personajes: hombres y mujeres; singulares vidas con un sello común: náufragos”, explicó García.

Está poblada de personajes claroscuros a los que la vida, de tanto rompérsele en las manos, se les convirtió en naufragio. Y empieza con un hombre mirando al pasado: Fernando Cerco, el personaje central.

Rey de todas las soledades, de todas las ausencias y de todas las esperas, Cerco es un hombre detenido en su tiempo, un escritor fracasado que pasó sus años profesando que “la escritura es la vida” y terminó alquilando su palabra al mejor postor para sobrevivir.

Por el perfil del personaje, la novela iba a titularse Palabras de alquiler, cuenta el autor. “Eso es lo que hace el personaje de esta historia, alquilar su palabra haciendo pasquines por encargo, haciendo décimas, haciendo discursos, haciendo arengas”.

 

En el inventario de personajes está Abelardo, asistente de un Secretario de Estado que terminó siendo adicto a la pornografía; un médico que acabó huyendo de la autoridad; un militante comunista que andaba calle arriba y calle abajo con La madre de Máximo Gorki debajo del brazo y profesando el leninismo y finalizó sus días arrinconado en una esquina, como un inútil ante la sociedad; y Carmen, una ausencia fundamental que en la novela es apenas una insinuación.

También Saturno, definido a sí mismo como “hijo de un gran bochorno y de una gran piedad”, camarero de la Taberna de náufragos y depositario de los pasados y las esperanzas de los contertulios de aquel lugar; un hombre al que la vida enseñó a escuchar y a callar.

A todos sus personajes José Enrique García los vio pasar por su vida, los vio andar y desandar de un lado al otro, cada uno cargando sus penas y llevando el pesado fardo de sus ilusiones, y luego decaer ante el peso de su existencia. Y con los recursos de la literatura, los reinventó y los puso en su novela.

“Yo soy testigo de todo eso que llegó trastocado a la novela. Ahí está la gente que vi caminando por la ciudad y las realidades que viví; ahí están las historias que escuché y los rostros con los que me crucé. Los personajes están trastocados por la literatura, pero todos tienen encima pedazos de la realidad”.

El Conde convertido en literatura

Calle El Conde, Ciudad Colonial, Santo Domingo, República Dominicana.
Calle El Conde, Ciudad Colonial, Santo Domingo, República Dominicana.

Los escenarios de la novela también fueron sacadas de la vida real. La pensión que la inspira estaba situada en la legendaria calle El Conde esquina Duarte, y la taberna en cuestión está construida con pedazos de la Cafetera, de la Cafetería La Colonial y de Paco, lugares alrededor de los cuales gravitan aun poetas, pintores, periodistas, músicos típicos y guitarristas, ex combatientes de la Guerra de Abril, turistas, bohemios y todo tipo de parroquianos.

José Enrique García ha mirado El Conde hacia dentro y lo ha convertido en literatura. Y esa mirada le ha bastado para resumirlo en una frase: “El Conde es un espacio del mundo”.

García es doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y se dice enamorado de los procedimientos retóricos y estructurales de la novela. “Hay muchos procedimientos ahí implicados, de teatro y de otros géneros; muchas referencias a elementos antiguos, a elementos modernos y un esfuerzo dirigido al soporte poético”.

Taberna de náufragos inicia la línea editorial de Búho, un viejo anhelo del editor José Pérez, que busca publicar y poner en las cuatro esquinas obras de la literatura contemporánea.

Fue presentada el 6 de octubre en el XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, organizado en Sevilla, España, por la Real Academia Española (RAE). Y allí, entre intelectuales, escritores y cuidadores del lenguaje, María José Rincón, exquisita escrutadora de la lengua española, y Jorge Urrutia, caballero de las letras de España y de todos lados, se encargaron de presentarla. “Estamos ante una literatura de la desesperanza y de la soledad”, expresaron.

La nostalgia es una tristeza atardecida, y José Enrique García ha escrito una novela para contarla y contar la pena de los tiempos y el desconsuelo de una generación. Sombras de sus sombras, cada uno de los habitantes de Taberna de náufragos anda con su naufragio a cuestas. Y todos tienen adheridas a sus vidas aquello que le da sentido a la novela: la marca de la derrota.

Por  Vianco Martínez/Especial para Acento.com.do

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