Construyendo la comunidad

En mis recientes vacaciones en Punta Cana, un vendedor de paquetes de vacaciones, hablando sobre los diversos hoteles en esa zona, me dijo que había optado por renunciar al trabajo previo de gerente en otro hotel, debido a que no se sentía a gusto, porque no podía ayudar a la gente a escoger lo que más le convenía. En otras palabras, su función era garantizar buenos resultados a su empleador, no necesariamente un mejor servicio a los clientes. “Yo tengo una vocación de servicio y por eso, decidí renunciar”, dijo el vendedor.

Sinceramente sus palabras me dieron gran satisfacción, porque me pude ver en su espejo y pude a ver a tantas personas cercanas trabajando desinteresadamente por los demás, por la comunidad. Muchos lo hacen de formas anónimas y otros, asumiendo un papel más protagónico; poniendo rostro a la realidad que quieren transformar y buscando camino de solución a los problemas comunes.

En una comunidad como la nuestra, hace falta personas que se comprometan a luchar por la justicia, por la igualdad de derechos, por el respeto y la buena convivencia. No necesitamos profetas del pesimismo, gente que señale desde lejos los problemas, pero sin asumir ningún compromiso. Porque como ya dijera Dante Alighieri en la Divina Comedia, que “el camino que conduce al infierno está empedrado de buenas intenciones”. De lo que se trata es, unir la teoría con la práctica. Es algo sencillo que solo requiere una dosis de coherencia. No puedo pedirles a otros que transformen la realidad, mientras yo, me cruzo de brazos.

Las preguntas que debo hacerme de modo personal son las siguientes: ¿Estoy contribuyendo con mis acciones al mejoramiento de la comunidad?  ¿Estoy dispuesto (a) a pasar de la crítica a la acción con otros o por mi cuenta? Dependiendo de las respuestas a las preguntas anteriores, puedo establecer mis opciones. Si a pesar de ello, no encuentro ninguna motivación, pues continuo mi camino.

Hay que as

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