Entre el ruido y la violencia de pandillas

En los últimos días, hemos escuchando cómo la violencia y los ruidos se han ido incrementando en el área y esto es un síntoma preocupante. La población de esta ciudad, sigue creciendo cada día y es un hecho claro, que los problemas, también aumentaran, si las autoridades no ponen correctivos idóneos para evitar que los disparos entre pandilleros continúen y cobren vidas.

La semana del 22 al 26 de julio, la policía reportó tiroteos en al menos 4 puntos de la ciudad, en cada uno de esos días. Aunque no hubo pérdida de vidas humanas, la policía dijo que los disparos afectaron algunas casas y vehículos. La policía sigue investigando para dar con los responsables de estos actos violentos y ha creado equipos tácticos para conseguir su objetivo.

Los hispanos que vivimos en esta ciudad, somos personas trabajadoras, pero a veces, el hecho de trabajar tanto, hace que no nos demos cuenta que nuestros hijos, están creciendo solos y que por lo mismo, están a merced de pandilleros. Por eso, los padres debemos de estar pendientes de nuestros hijos, saber qué hacen, dónde están y con quiénes se juntan, etc.

Casi siempre, cuando los jóvenes cumplen la mayoría de edad, si los padres les corrigen, sino se mudan del hogar, se vuelven contestarios y aunque ya son adultos para eso, les cuesta aportar en la casa para su propia comida y el pago de la renta. No justifico acciones malas de ningún tipo, pero a la vez, me doy cuenta que esta ciudad, cuenta con pocos lugares de recreación, donde los jóvenes puedan ir y practicar algún deporte.

La sobrepoblación escolar, la deficiencia del programa de inglés como segundo idioma (ISL) de la escuela superior, hacen que muchos jóvenes, no puedan graduarse y gracias a ello, se le dificulta su acceso a la universidad para poder estudiar una carrera que les garantice un trabajo mejor remunerado en unas condiciones más humanas.

El único camino de muchos jóvenes hispanos, pareciera que es el de las factorías. Muchos de esos jóvenes aprovechan las oportunidades que le puede ofrecer su empleador y se preparan en cursos técnicos; otros no corren con la misma suerte o no tiene el interés y terminan en vicios o incursionan en una padilla.

En el caso del ruido, todos somos conscientes de que nosotros los hispanos, nos gusta escuchar música alta. La ordenanza de ruido, establece que, a cualquier hora está prohibido escuchar música en alto volumen. En realidad, quien a veces pone el límite es un vecino, que decide llamar a la policía porque le molesta la música que está escuchando el otro vecino.

La gente se defiende diciendo que su música no está alta, que es el vecino que es racista o no deja que se diviertan. Hay algo de todo. Pero si el policía tiene que ir dos veces a la misma casa por la música, multará al responsable de la casa. Nadie está excepto de no ser multado, pero sabemos que ha excepciones y hay chances. Lo mejor es que escuchemos una música en un bajo volumen y entender que donde termina mi derecho, comienza el del vecino.

 

Eddy Ulerio

Editor

Latino News

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