Alba Gisselle “Gigi” Pérez: hija, artista, mujer, esposa y madre

Por Eddy Ulerio

Para Gigi no ha sido una tarea fácil poder conjugar armónicamente todos esos roles, pero lo cierto es, que verla dividirse sin perder la pasión, es algo que caracteriza a los artistas. Eso es fácilmente comprobable, porque en cada actividad artística, se le ve disfrutando lo que hace, casi siempre, acompañada de su esposo e hijos.  Ella está comprometida con la comunidad en el desarrollo del arte y la cultura.

Gigi llegó desde el Bronx, New York a Hazleton a la edad de 12 años. Durante los 19 años que lleva en esta ciudad, ha visto muchos cambios. “Cuando mis padres se mudaron a esta ciudad, no existían ningún centro para niños. Solo 6 familias hispanas vivíamos en Hazleton, todos nos conocíamos.  Era una ciudad muy tranquila. Los jóvenes nativos habían dejado la ciudad para irse a estudiar fuera. Era una ciudad de ancianos; comparada con New York, era una ciudad desierta”, dijo Gigi.

Para Gigi y sus padres, como ocurre con muchas personas que vienen de ciudades más grandes, el choque con la nueva realidad no fue tan fácil de asimilar; pero como sucede con tantos otros hispanos, llegar a Hazleton significó para ellos en aquel momento, haber encontrado un lugar más seguro para criar a los hijos.

La vocación de Gigi por la pintura, es algo que ella descubrió a muy temprana edad y es lo que la ha acompañado siempre. “Yo pinto desde que tenía 6 años”, dijo Gigi.

Después de participar en algunos concursos locales y de ganar premios, Gigi decidió abrir un taller de pintura para enseñar a pintar; porque entendió que, en el área, no hay muchas opciones para los jóvenes.

“Yo abrí mi taller en West Hazleton en el 2015 y la razón fue porque me di cuenta que esta ciudad carece de muchas cosas, donde los jóvenes puedan distraerse.  En el verano, la mayoría de los padres inscriben a sus hijos en algunos deportes, sin preguntarles si eso a ellos les gusta. Optan por lo más fácil, para tener los niños en algo”, aseguró Gigi.

Para Gigi, más que mantener los niños ocupados sobre todo en los veranos, los padres debemos de escuchar a nuestros niños y saber qué les gusta a ellos y, en consecuencia, apoyarles para que puedan disfrutar, haciendo lo que a ellos les gusta.

“Como yo pinto desde los 6 años, yo siempre tenía eso en la cabeza, de algún día poder tener un lugar donde los niños puedan venir y desarrollar lo que ellos llevan dentro.  Es una opción para que tengan la oportunidad de hacer cosas distintas”.

Aunque vivimos en una época distinta, hay patrones culturales que se transmiten de generación en generación y los hijos e hijas deben asumirlos, porque son buenos.

“No solo en el taller yo doy clases de arte, a veces me invitan a casas a dar clases privadas y yo he visto cómo los padres les dicen a sus hijas que deben aprender a cocinar y realizar cosas en la casa para cuando se casen o a los varones, que deben irse a trabajar en una factoría para que produzcan dinero. No está mal, pero no se les pregunta qué quieren hacer en la vida, qué profesión le gustaría estudiar”, etc., dijo Gigi.

“Yo iba a una casa a darle clases a una niña y la abuela de la niña le reclamaba a su hija, por qué ponía a la niña a perder su tiempo aprendiendo a pintar, que eso no deja dinero; sin embargo, la niña cada vez que me ve, me dice que le hacen falta sus trazos.  Lo mismo me decía la gente a mí cuando yo abrí el negocio que, si eso daba dinero”, afirmó Gigi.

El taller es el negocio de Gigi que durante 4 años ha mantenido a flote, a pesar de sus ocupaciones y de lo no tan remunerativo que ha podido resultar, pero es lo que ella ha considerado una extensión para enseñar a otros su arte.

“En el taller hacemos muchas cosas. Como dije antes, yo doy clases públicas y privadas. Son clases de arte para entretenimiento, relajarse. La gente trae su vino, su comida y entonces yo propongo las pinturas que se van a pintar ese día y paso por paso les explico cómo van realizar la pintura. En las clases privadas hacemos algo similar, pero primero se concreta un día y una hora, traen su bebida y comida y luego seguimos el mismo proceso.  A parte, doy clases privadas para niños con necesidades especiales. Los padres los registran y luego me lo traen” agregó Gigi.

Para Gigi, poder equilibrar sus diversos roles ha sido duro, pero ella sostiene que trata de hacerlo lo mejor posible.

“Es difícil, pero lo intento. Me ayuda, que a mis hijos les gusta el arte.  Cuando hago eventos para niños yo me los llevo y ellos hacen lo que hacen los otros niños, como si estuvieran en una clase regular. Mi esposo me apoya y como tenemos negocios propios, cuando tengo que hacer una actividad para adultos y no puedo llevar a los niños, él se queda con ellos”, dijo Gigi.

Para los artistas, su arte refleja su mundo interior o la manera en cómo ven el mundo exterior. Por eso, cada obra, comunica algo distinto. A veces, muestran los estados de ánimo del artista.

“Mi arte es emocional. Cada una de mis obras expresa un estado de ánimo. Si estoy triste o deprimida en vez de ponerme a llorar, me pongo a pintar y creo que algo de eso, queda reflejado de algún modo en la obra de arte”, expresó Gigi.

En la sociedad actual, hay muchos estereotipos de la mujer, sobre todo si es de minoría y afrodescendiente y no resulta fácil avanzar a sabiendas de esas limitantes; sin embargo, Gigi cree que la mujer de hoy debe estar dispuesta a saltarse esos obstáculos y probar que puede lograr lo que se proponga.

“Cuando yo empecé mi negocio (la mayoría de mis clientes son blancos), cuando la gente llegaba que me encontraban barriendo o haciendo algo, me preguntaban por la profesora que iba a dar las clases. Nunca me preguntaban si yo era la dueña del negocio. Todavía, los nuevos que llegan siempre están buscando a la dueña. Si son hombres, preguntan por el dueño, aunque me vean solo a mí y cuando le digo que soy yo, se sorprenden. No sé si es porque yo soy hispana o porque soy mujer o por ambas cosas. Me han pasado muchas cosas, me ha insultado; pero no por ello, he pensado en dejar el negocio. Hay que ser fuerte, estar alerta, sobre todo aquí en esta ciudad que discrimina por el solo hecho de ser hispana”, concluyó Gigi.

Gigi, actualmente estudia en la universidad para hacerse terapista. El nombre del taller es ArtLife Studio y está localizado en 137 N. Warren St. West Hazleton, PA 18202. Los servicios que brinda en el taller son: Fiestas de pintura, Fundraisers, pintura de la cara y Arte Corporal.

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