Establezcamos una fraternidad mundial

Nuestro planeta tierra, nuestro hogar, ha enfrentado muchos acontecimientos desde su creación, en los cuales la población se ha disminuido grandemente. Lo primero se indica en la Biblia con el diluvio, en que las aguas destruyeron todo y solo Noe, su familia, más los animales que llevó en el arca que construyó, pudieron sobrevivir, incluyendo los peces, pues su entorno es el agua.

Otra forma en que la población ha disminuido en el mundo es por medio de las guerras. En la historia se han realizado incontables guerras por las razones de diferencias ideológicas y por el interés de adueñarse de nuevos territorios y negocios, donde el mas fuerte logra el poder sobre los derrotados. Las guerras incluyen la matanza de los lideres de los grupos antagónicos, pero también mueren muchas personas inocentes y familias enteras junto a sus hijos en los lugares donde se refugian. Como resultado de estas guerras, también otras personas fallecen por el hambre, pues la comida se acaba después de tantos desastres dejados por los ataques del enemigo.

Además, han fallecido muchas personas por los desastres naturales. Hemos visto en las noticias recientes, como el fuego en ciertas zonas ha destruido casas y otras propiedades. También personas han perdido sus vidas. Los terremotos en muchos lugares han dejado gran tristeza cuando tantas personas mueren bajo los escombros de sus casas y de otros edificios.

Los huracanes y grandes aguaceros también han dejado a muchas personas sin sus pertenencias y miles de personas se han ahogado. Por otra parte, los tornados, que de repente se llevan las casas, carros y personas volando en los aires. Son cosas de las que nadie se puede refugiar para cuidar sus vidas. Surgen de repente. También las muy bajas o muy altas temperaturas en algunos lugares han dejado muchas muertes, aunque se nos da un pronóstico del tiempo correcto.

Algo que nunca ha dejado de existir es la muerte por las enfermedades. Es algo que siempre ha ocurrido. Muchos mueren de cáncer, diabetes, tuberculosis, y de muchas otras enfermedades, que podrían tener curación al diagnosticarse a tiempo. Pero también surgen de repente algunas enfermedades virales que se expanden como el aire. Hoy en día enfrentamos el Coronavirus o Covid-19, un virus que causa enfermedades respiratorias, el cual se contagia de persona a persona y que fue en primer lugar identificado durante una investigación en Wuhan, China.

Existe la probabilidad de que este virus surgió de fuente animal. Se expande cuando una persona infectada tose o estornuda o cuando tocamos una superficie u objeto que ya tiene el virus y luego al tocarnos la boca, la nariz o los ojos, el virus penetra a nuestro cuerpo, pero también hay otras formas en que el virus se contagia. Algunos de los síntomas son fiebre, tos y dificultades respiratorias.

Hasta ahora no hay una vacuna disponible, aunque en Israel, Alemania, Estados Unidos y la China dicen que ya la han elaborado. Pidámosle a Dios que así sea y que toda la población mundial pueda ponérsela. Se hace necesario buscar más de Dios y alejarnos del mal. Muchos se están preguntando: “¿Puede ser este un castigo divino?”

Es un momento en que todos debemos vernos unidos. Las guerras han cesado. El mundo está enfocado en encontrar una solución para la eliminación de este virus que inició en un pequeño lugar, luego se convirtió en una epidemia y hoy en día es una pandemia, pues cubre a todos los países del mundo. Se nos ha pedido que nos quedemos en nuestras casas para que no nos infectemos y podamos parar ese virus por siempre. Se están dando cuidados médicos a los ya afectados y podemos ver, según los reportes, que muchos mueren y pocos sobreviven. Por lo tanto, sigamos las recomendaciones para detener ese virus.

Debemos reconocer que solamente cuando vemos que todos en el mundo podemos ser afectados por algo de manera universal, como hoy en día por este virus en particular, es cuando nos apoyamos cada uno como hermanos, sabiendo que compartimos un mismo hogar, el planeta tierra. Y si creciéramos conscientemente, podríamos poner más atención a la parte humana y no al materialismo ni a ciertas ideologías.

Además, nos apoyaríamos grandemente con los avances de la medicina y la tecnología disponibles, estableciendo las correctas medidas preventivas. Y si nos uniéramos más para encontrar la solución a otros problemas mundiales, podríamos, algún día, ver el deseo y el sueño de muchas personas haciéndose realidad hasta que, al fin, establezcamos una fraternidad mundial.

Benjamín Franklin Arias

Educador, Teólogo y Escritor benjamín.arias@wilkes.edu