La Inseguridad de Nuestras Escuelas Hoy en Día

Hace 36 años que soy maestra. Pero durante estos años mucho ha cambiado. Cuando era profesora en varias universidades en New Jersey y Nueva York, desafortunadamente algunos de mis colegas fueron atacados por alumnos. Estuve en tantas situaciones desagradables, pero escapé de lo peor. El trabajo nunca fue fácil.  Pero alguien tiene que hacer el trabajo.

Cuando regresamos aquí de New Jersey, mi niña estaba entrando el sexto grado. Pasó un año en Height Terrace y esa experiencia fue deprimente para ella. No tuvimos el dinero, pero decidimos que ibas a hacer lo necesario para que asistiera a una escuela privada. Lo hicimos con dificultad. Pero lo hicimos. Yo sé: para la mayoría es imposible. También éramos más jóvenes entonces.

¡Las bandillas comienzan a buscar nuevos miembros en el cuarto grado! Ellos quieren tomar nuestros niños y crear traficantes, chulos, y prostitutas. Nosotros queremos otras cosas, cosas bellas, cosas honorables. Como padres estamos metidos en una lucha constante, y de verdad uno se cansa. No obstante, no podemos dejar de vigilar.

Como madre y maestra, veo claramente los dos lados del problema de la educación estadounidense. Como madre tengo que proteger a mi niña. Como maestra, no puedo enseñar nada si mis estudiantes no están sanos y salvos. Hemos visto la gran cantidad de maestros que han muerto recientemente protegiendo a sus alumnos durante ataques terribles aquí en los Estados.

¿Pero quién está protegiendo a los maestros?

Tal vez, nadie.

En mayo de este año, yo estaba enseñando en una escuela de Hazleton. Estaba en el primer grado, con una pequeña clase de niños autistas. Desde mi segundo día, allá, un niño comenzó a atacarme. Pero no recibí ninguna protección.  El 31 de mayo me tiró dos escritorios. Y se me dañó la espalda. Fui empleada de Kelly Education, quien subcontrata para el distrito. Ofrecen compensación de obreros. ¡Pero me lo negaron!  ¡Me dejaron con una espalda dañada y sin sueldo!

Y el niño. No sé qué paso con él. Fui a la sala de emergencia, pero nadie de la escuela ni me llamó para preguntar como yo estaba.

La verdad es que yo no le importaba ni a Kelly Educational ni al distrito. Fui un pedazo de carne. Y continúan tratándome como un pedazo de carne.

Después de 26 años enseñando estoy lista: digo adiós a la sala de clase. No quiero regresar allí. Un alumno trato de matarme. Hubo otro riesgo: el niño a mi lado que estaba portándose bien, y preparándose para una lección de matemáticas. No quiero pensar en lo que podía pasar con ese niño inocente.  Yo traté de hacer mi trabajo que incluyó protegerle. Hice todo lo que debía hacer. Claro, el daño podía ser peor. Había ángeles a nuestros lados, y les agradezco.

Si pueden, enseñen a sus hijos en casa o busquen una escuela privada.

Maria Jacketti

Periodista, Educadora, Poeta y Editora drmariawu@msn.com

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