La Mujer resiliente un modelo social a imitar

Como seres humanos nos has tocado vivir en este espacio maravilloso y extraordinariamente bello que se llama mundo con una perfección única, pero pocos somos conscientes de contemplar y cuidar la vida en todo su esplendor. El filósofo Agustín de Hipona, dijo: “Tarde te amé, belleza siempre antigua y siempre nueva, tarde te amé. Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y allí te buscaba”.

A mí me ha pasado quizá lo mismo, pues solo en los últimos años he comenzado a buscar de manera más consciente la belleza. De esto me di cuenta cuando fui observando con la prisa desbordante  con la que se va desarrollando la humanidad y por tantas situaciones adversas a la que cada día nos enfrentamos las personas, entrando en mi yo interior,  como mujer, me di cuenta que poseía unas herramientas increíble para salir  adelante y superar la adversidad, entonces fue cuando empecé a descubrir que he sido toda mi vida una mujer resiliente; porque a pesar de las situaciones difíciles que he enfrentado, siempre he tenido la capacidad de doblarme sin partirme. De rebotar iniciando desde cero y salir fortalecida dando un salto más alto a lograr mis sueños.

Porque con el tiempo he aprendido a vivir sin miedo a lo que pueda pasar en el futuro, pensando siempre en positivo y poniendo mucha confianza en mí misma. Nunca he pensado que no seré capaz de lograrlo, aunque he sido consciente de que tengo que superar muchos obstáculos para alcanzar mis sueños.

Dentro de nosotros tenemos la potencia y la fuerza, pero hay que aprender porque, según nos dice la doctora en neuropsiquiatra Rafaela de los Santos: “Que el cerebro viene preparado para la supervivencia, o sea, que nos pase lo que nos pase, tenemos la capacidad dentro de poder afrontarlo, pero hay que aprender a serlo”.

Las mujeres son más propensas a ser resilientes, tienen más capacidad de afrontar cualquier dificultad de la vida, porque desarrollan más los puntos de apoyo al socializarse. Aprendemos a ser más fuertes frente a los conflictos y los problemas de la vida.

En la sociedad en la que vivimos, experimentamos muchas tensiones e incertidumbre. La organización mundial de la salud (OMS) nos advierte de la alerta de una epidemia silenciosa, una de cuatro personas sufrirá depresión antes del 2020. Hay personas que le faltan unos vecinos unos amigos, una familia, estamos tan preocupados en corren de un lado para otro buscando el bienestar personal, que nos olvidamos de lo más importante que son las personas.

En ese ámbito mi familia ha sido mi gran inspiración por sus valores, la unidad y el apoyo que en cada momento me han brindado. Unas de las experiencias que más me ha marcado como mujer resiliente, es el privilegio que la vida me has dado, como mujer dominicana romper con un paradigma de prejuicio social.

Mujer nacida en un campo del municipio de Jarabacoa, hija de padres campesinos, socialmente estaba muy limitada, pero eso no fue obstáculo para mí, desde muy jovencita me fui a estudiar. Con el pasar del tiempo, he logrado ocupar puesto de relevancia  en instituciones nacionales e internacionales, así como ser Premio Nacional de la Paz en la República Dominicana en el año 2006,  al mismo tiempo hacer una especialidad en España y allí  en Europa, ser empresaria en el tema de las Energías Renovables; pero a pesar de todos esos logros personales y profesionales, el prejuicio social vivido en Europa por el hecho de ser mujer latinoamericana marcó una etapa de sufrimiento en mi vida muy grande.

Como dice Albert Einstein “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Porque los prejuicios son férreos tiranos. Determinan nuestra manera de ver el mundo y estigmatizan nuestras relaciones. Están presentes en todos los ámbitos y actividades de nuestra vida, e implican una forma de pensar íntimamente vinculada con comportamientos o actitudes de discriminación, por sutiles que sean.

Por lo tanto, al sufrir discriminación como mujer emigrante también esa experiencia me hizo fuerte, valiente y sobretodo más humana, porque aprendí que las adversidades que te pasan en la vida, son una fuente de aprendizaje que nos ensanchan nuestra interioridad y nos permite contemplar y apreciar la belleza del mundo.

Mi gran lección de vida. Estoy aprendiendo a mirar a mi gente y a mí país la República Dominicana, desde la belleza, porque cuando intentamos hacer cosas bellas, estamos cambiando el mundo, ensanchando los corazones y la imaginación de las personas. Por esto, la respuesta más sencilla es quizás que buscando la belleza nos hacemos mejores personas, porque nos cura y nos hace resilientes.

Hago un llamado a las mujeres del siglo XXI, para que independientemente de nuestra condición socioeconómica, podemos actuar, necesitamos hacer cambios culturales profundos que son muy difíciles de lograr, pero las revoluciones no están afuera están adentro de nosotros mismos.

Si es difícil cambiar al mundo, es posible cambiar en nuestra cabeza los prejuicios culturales hacia la mujer, apostemos tanto hombres como mujeres, por un cambio cultural para que las mujeres seamos más independientes económicamente, que puedan estudiar, ser emprendedoras, segura de sí mismas y que nos valoremos y nos valoren por lo que somos como personas; cumpliendo con nuestro rol social de producir cambios significativos en la lucha por la igualdad, el respeto y la dignidad de la mujer y de todos los seres humanos.

Vamos a hacernos consciente tantos los hombres y las mujeres de la misión que tenemos en este mundo tan injusto y deshumanizado, vamos a construir entre todos, una sociedad más justa, más humana.

Rosa Magalys Rosario Garcia

MBA, Premio Nacional de la Paz, República Dominicana