Intento de reelección domina la política hoy

Felipe Ciprián
felipe.ciprian@listindiario.com

Pasé todo el año 2018 haciendo un esfuerzo por entender y dar a conocer los elementos fundamentales de la realidad política dominicana y la perspectiva para las elecciones generales de 2020, por lo que se impone refrescar la memoria de algunas afirmaciones y qué ha ido pasando.

Desde el 6 de octubre de 2017 partí de la hipótesis de que en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) lo que estaba a la orden del día era el propósito del presidente Danilo Medina de impulsar una agenda gubernamental y política dirigida a buscar una nueva postulación presidencial y que para lograrlo completaría la toma del control de ese partido por el danilismo.

Afirmé muy claramente que el expresidente Leonel Fernández tenía oportunidad de ser candidato presidencial y alta posibilidad de volver al Palacio Nacional, pero que era muy difícil que lo hiciera por el PLD porque eso lo colocaba en un enfrentamiento directo con Danilo, que actuaría con una ventaja muy alta por los factores de poder que acumula el actual gobernante.

Situé que la única posibilidad de Leonel era confrontarse políticamente con Danilo, salir del PLD, modificar elementos programáticos esenciales de su práctica gubernamental e intentar reorganizar a la oposición y echarla a pelear contra el gobierno.

Más claro aun, dije que comprando indulgencias al danilismo, cortejando al gobierno y presentando encuestas con números favorables para su persona no será el candidato presidencial del PLD para el 2020. Su opción era obvia: pelear contra el danilismo en forma resuelta o rendirse.

A esos planteamientos míos publicados en el Listín Diario, Leonel contestó en diciembre de 2017, con motivo del 44 aniversario de la fundación del PLD, diciendo que quienes hacían vaticinios y promovían la división del partido morado iban a fracasar porque los peledeístas irían unidos a las elecciones y las ganarían.

Si Leonel veía la perspectiva así, mi conclusión fue que “el candidato será Danilo y él (Leonel) tendrá que conformarse con su perenne oficio de escudero”.

Sostuve que el centro del quehacer político dominicano estaría dominado por la confrontación entre Danilo y Leonel por la candidatura del PLD, y que todo lo demás que se veía en el llamado debate político nacional se derivaba de ese conflicto.

La ventaja de Danilo sobre Leonel en la confrontación interna ha sido y ahora lo es mucho más, ostensiblemente grande, dejando al expresidente con escasas posibilidades de convencerlo o vencerlo, porque lo primero no entra dentro del cálculo del danilismo y lo segundo luce imposible porque la historia ha demostrado que Leonel no se empeña en una batalla que conlleve riesgos.

¿Cuál es el balance en el match Leonel-Danilo?
Durante este año el danilismo ha ido metódicamente cercando al leonelismo al interior del PLD, arrojándolo de espacios de mando y allanando el terreno para superar el obstáculo constitucional que ahora prohíbe un intento de reelección de Danilo.

Por eso la proporción de mayoría danilista en el Comité Político y en el Comité Central del PLD es superior a 70% para apoyar a Danilo y 30% para Leonel, la que el danilismo tiene ahí como retaguardia en caso de que el leonelismo pase de su táctica de ganar la candidatura de Leonel por “posicionamiento de encuestas” y “búsqueda de indulgencia con el danilismo”, a otra que implique un desafío al interés reeleccionista.

En ese camino Leonel ha perdido posiciones clave en los órganos de dirección del PLD como son la Secretaría de Organización que estaba a cargo del senador Félix Bautista, y la de captación de fondos a mano del exministro de Obras Públicas, Víctor Díaz Rúa. El primero por ser excluido de la posibilidad de hacer negocios con Estados Unidos y visitar ese país, y el segundo por su inclusión en el expediente de sobornos de Odebrecht.

Ambas posiciones pasaron a ser ocupadas por connotados dirigentes del PLD que siguen las posiciones y trabajan para las aspiraciones aun no admitidas de palabra de Danilo -pero sí en los hechos- de continuar en el poder.

Es ese poder del danilismo el que ha hecho posible que como yo vaticiné hace un año habría Ley de Partidos solo si se aprobaban con primarias abiertas y simultáneas con el padrón de votantes de la JCE.

Y así sería porque a Danilo no le iba a lucir volver a ser candidato por decisión de sus parciales, sino con un compromiso de contar con el respaldo de la mayoría del pueblo dominicano.

Leonel luchó con su verbo y pluma de forma sostenida porque la hoy Ley 33-18 consagrara las primarias con el padrón de cada partido, posición con la que yo estaba de acuerdo, pero cayó vencido en todos los escenarios aunque luego se ha estado acotejando el sombrero para decir que es el triunfador porque salvó la unidad peledeísta, como si ese hubiese sido su objetivo en la reunión del Comité Central del 27 de octubre de 2018.

Para mí la naturaleza de la confrontación entre primarias abiertas -preferidas por Danilo- y cerradas como las quería Leonel, era seleccionar el terreno donde se definiría la batalla por la candidatura: Leonel apoyándose en encuestas, Danilo en una especie de plebiscito preelectoral que aplaste al expresidente y muestre débil a la oposición.

Ya me he referido a la torpeza política proverbial de la oposición, principalmente del Partido Revolucionario Moderno (PRM), que en lugar de apartarse del conflicto interno en el PLD, primero coquetearon con Leonel a favor de las primarias cerradas, y luego, apostando a una división de los peledeístas, apoyaron al danilismo incluyendo las primarias abiertas como parte del menú de opciones para seleccionar candidatos.

El resultado de esa “táctica” del PRM fue doblemente perjudicial para su futuro político inmediato: le abrieron las ventanas que quería el danilismo para su intento reeleccionista y de paso liquidaron el Bloque Opositor que había hecho algunas experiencias limitadas de unidad, a la vez que debilitaron aun más a Leonel, su última esperanza de compactar una fuerza anti-reeleccionista a tomar en cuenta.

Dominio en instituciones
En el plano institucional, la situación es peor para Leonel: El danilismo controla efectivamente el aparato gubernamental con todos sus instrumentos de poder político, económico, militar y de caliesaje, a pesar de que este último ya es público y privado.

Igualmente son los danilistas quienes tienen la presidencia del Senado, de la Cámara de Diputados; control del Consejo Nacional de la Magistratura que nombró a los miembros de la Junta Central Electoral y del Tribunal Superior Electoral.

Si bien no puede decirse que el danilismo controle la Justicia (Suprema Corte y Tribunal Constitucional), ninguno de esos dos tribunales tiene suficiente independencia y solidez institucional para pararse como un gallo fino frente al gobierno y a todo su poder, lo cual no es un resultado de la voluntad de sus integrantes, sino de la naturaleza de la democracia dominicana, donde los presidentes mandan más que un emir.

La confrontación Danilo-Leonel llega a diciembre de 2018 con todos mis vaticinios cumplidos y acabo de escuchar al expresidente decir -en el acto por el 45 aniversario del PLD en el que el danilismo lo dejó solo, salvo Reinaldo Pared- que su partido irá unido a las elecciones y las ganará, entre otras razones, por el buen gobierno que está haciendo Medina.

Solo me queda repetir: Si el PLD sigue unido (parece que así será) es porque llevará de candidato a Danilo y Leonel no hará nada importante para oponerse, aunque siga diciendo que “no hay marcha atrás”.

En política, como en todo lo demás, los hechos son mucho más elocuentes que las palabras.

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