Mi Religión

La columna de  Yanet Taveras

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Religión, definida por The free dictionary, como ¨el conjunto de creencias, normas morales de comportamiento social e individual y ceremonias de oración y sacrificios que relacionan al ser humano con la divinidad¨.

Con la disponibilidad de informaciones existentes sobre religión, sería fácil realizar un artículo sobre preferencias religiosas, pero quizás me perdería en la clasificación, por ejemplo, en las de descendencias monoteístas se encuentran las religiones proféticas como el islamismo, judaísmo y el cristianismo, mientras que en las politeístas están el hinduismo y el budismo y de estas de derivan todas las demás.  Una reciente clasificación muestra la asombrosa cantidad de 4,200 religiones activas, aparte de las innumerables ya extintas, podría hacer un largo escrito.

Yanet Taveras

Particularmente rechazo la categorización de la religión, apoyando lo que expone Ricardo Arjona “en este mundo hay más religiones que niños felices”.  Llámense de esta forma o filosofía de vida, como el caso del Budismo, pero a la larga todos los criterios pueden llegar a encontrarse, por lo menos en las politeístas, pues ya sea que se denomine karma o pecado, al final se observa gran similitud en los conceptos.  En el primero se dice que si actúas bien, recibirás el bien y en el segundo no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti.

Nunca me han interesado las polémicas en torno a la religión, guiada por el principio de Benito Juárez: “el respeto al derecho ajeno es la paz”, llevo mi fiesta en armonía con mis amigos y familiares, independientemente de su  credo religioso.  Respeto al que reza repitiendo oraciones pre escritas y también al que ora espontáneamente, pues la calidad de estos rituales no está determinada por el vocabulario usado, sino, por la fe con que se haga.

Me apenan aquellas personas que adecuan las normas morales o religiosas según su conveniencia, entiendo que es ilógico vivir de las apariencias, pues al final, quien es el engañado, si no uno mismo.  El resultado de tener una buena relación con Dios es muy particular, aunque la paz del alma se refleja en nuestros actos, vivirla, sentirla y disfrutarla es conocer el paraíso terrenal deseado por la mayoría de los creyentes en Dios.

Mi religión no es exhibicionista y mucho menos ciega, más bien es asertiva. Consiste en seguir los lineamientos preestablecidos, sin llegar a caer en el fanatismo, por considerarlo uno de los peores errores, y digo uno, porque quizás otro peor es llegar a creerse salvos por el hecho de pertenecer a una determinada religión. El fanatismo desvirtúa cualquier principio religioso y la buena voluntad de promover el bien y alcanzar la paz eterna, ya que todos los extremos son viciosos.

Mi religión me lleva a saber que Dios no sólo se encuentra en un templo, él vive dentro de nosotros y como buenos anfitriones, debemos preservar para él una morada acogedora, confortable y atractiva.  Un huésped se siente feliz de estar en un ambiente agradable y éste específicamente, no te exigirá nada que no te haya dado, Dios únicamente habita en los corazón puros.

Mi religión me lleva a hacer obras de misericordia materiales y espirituales, a no ser indiferente ante las necesidades ajenas, no por temor a ser castigada por Dios, sino por amor a él.  Como lo escribiera María Valtorta: “No es necesario ser rico para hacer el bien, ni ser pobre para recibirlo”.  Mi religión me induce a guiar al perdido, enseñar al que no sabe, aconsejar al que lo necesita y orientar al que se equivoca.  Mi imagen de Jesús no es la del que sufre en la cruz, más bien es la del que hace milagros todos los días.

Depende de cada persona hacer de su vida espiritual un sepulcro sombrío o un edén.  Vive tus principios religiosos más que nada con honradez.  Ser coherentes con nosotros mismos es lo fundamental para vivir en la paz de Dios.  A muchos puedes engañar guardando apariencias, pero jamás a ti mismo, jamás a Dios.  No tiene sentido sonreír mientras se llorar en el alma, la armonía del interior con el exterior es un placer que le asiste a toda persona.  Haz de tu religión una filosofía de vida voluntaria, en la que tu buena relación con Dios, siempre guie tus pasos y obrarás con bien, vivirás con bien y el final de tu vida sólo será el principio de una mejor vida.  Vive tu religión como sugiere San Agustín: “Reza como si todo dependiera de Dios, trabaja como si todo dependiera de ti”.