El primer Amor nunca se olvida

La mayoría de las personas, incluso las más frías e impenetrables, alguna vez se enamoraron.  Toda mujer recuerda su primer amor, ese príncipe azul que generó en ella la primera constelación de emociones de amor, ternura y timidez.  En el diario de cualquier colegiala yace la historia de aquel amor que le hacía caminar en el aire y soñar despierta.

“Él era mi sol, quien mantenía mi respiración, lo más amado, me enseñó el verdadero amor con las más tiernas y sanas caricias; pero se fue, se fue dejando escrito en un triste papel que yo merecía algo mejor.  Me sentí morir de pena al saber que no le importó romper mi corazón en mil pedazos, después de tanta dulzura… me dio a probar la hiel del desamor”.

Yanet Taveras

El primer amor no fue la primera persona que te gustó, ni tu primer novi@ o pareja, sino aquella por la cual sentiste por primera vez sensaciones inimaginables.  Ese ser que amaste con locura, por el que tuviste los sentimientos más puros, el que te hizo feliz con una mirada, con una sonrisa o simplemente con su presencia, justamente esa persona fue tu primer amor, el cual nunca podrás olvidar, pese a los desengaños y sufrimientos.

No siempre ese amor se convierte en el compañero de vida, ya que en este tipo de relación hay demasiada idealización y si tuvo lugar en la adolescencia, como es lo usual, se suma el factor inmadurez”, que es letal.  Los hombres lo viven con menor intensidad que las mujeres.  No todas las personas le asignan la misma importancia al primer amor, esto tiene mucho que ver con intensidad con que se amó, cómo fue la relación y usualmente, los que son recordados por siempre, fueron amores puros y bien intencionados.

“Tiempo después de aquella fría carta el volvió buscando mis besos y no sé si por orgullo o resentimiento me resistí, sí lo rechacé.  No es que me quedé frustrada y no volví a amar… yo guardé mi historia en un lugar especial de mi memoria, donde reposa el más dulce recuerdo de mi vida y seguí adelante, pero cuando menos lo esperaba él afloraba en mi memoria”. 

 En una recopilación de artículos de investigación publicados por el Dr. Malcolm Brynin, miembro del Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas de la Essex University en USA, se argumenta que es tan difícil olvidar un gran amor porque que las relaciones amorosas intensas provocan en el cerebro ciertas huellas que en PNL se llaman “anclas”, estas al reactivarse mantienen los recuerdos vívidos.  Esto se debe a que la amígdala cerebral graba con mayor intensidad los momentos más atesorados con personas importantes.

 “Así como el rio vuelve a su cauce, ellos se volvieron a encontrar en la postrimería de sus vidas; cuando el crepúsculo de los años había dejado sus blancas huellas. Sólo al verlo, su sol la iluminó y renació aquel amor… con el fervor de una niña, como la primera vez, ahora con pasión y madurez…  fue destino quien los quiso reunir… conspiró! para que vivieran el más bello idilio que jamás pudieron imaginar, todo pasó porque así tenía que pasar”.

Este fue un reencuentro fortuito, pero que se dé este tipo de fenómeno y en una versión mejorada es tan inusual como ver al Cometa Halley más de una vez, pues pese a que las investigaciones demostraron que un gran amor nunca es borrado totalmente de la memoria, esto no implica que no se pueda volver a amar a otra persona, con igual o mayor intensidad.

A criterio de la Madre Teresa de Calcuta, “El amor es una fruta de temporada en todo momento, y al alcance de la mano de todos” y amplía diciendo “No deis sólo lo superfluo, dad vuestro corazón”.  Debe ser una constante en la vida el buscar hasta encontrar el verdadero amor y al encontrarlo, entregarse por completo, pues es gratificante y realmente vale la pena amar.  Procura que tu amor verdadero esté a tu lado y no sólo en tu corazón, porque la bienestar que genera esta armonía, es la pócima mágica para una felicidad plena.

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